jueves, 27 de febrero de 2014

EL VALOR DEL TIEMPO EN LA EDUCACIÓN


I
CAMBIAN LOS TIEMPOS, CAMBIAMOS CON EL TIEMPO PERO NO ES FÁCIL QUE CAMBIEMOS AQUELLO QUE HEMOS INSTITUIDO: DEL TIEMPO ESCOLAR UNIFORME A LA PLANIFICACIÓN MÓVIL DEL TIEMPO; DE LA CANTIDAD DE TIEMPO A LA CUALIDAD DEL TIEMPO.

Se presenta la obra con una portada que lleva por título <El valor del tiempo en la educación>. Su autor, José Gimeno Sacristán es Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Valencia. Acompaña al título un  cuadro con rótulo “Sin título” de Aurora Valero, realizado con técnica mixta sobre lienzo y que representa muy bien la complejidad, confusión y ubicuidad del tiempo. El contenido se desarrolla a lo largo de siete capítulos (Las concepciones del tiempo y la educación; Cuatro perspectivas sobre el tiempo y la estructuración de los tiempos en la educación; El tiempo de la educación y su eficacia; El valor educativo y la eficacia del tiempo presente; El tiempo escolarizado fuera del horario escolar; El tiempo de la cultura extraescolar y Un debate sin conclusión: la jornada escolar), precedidos de una introducción. Cierra la obra un elenco bibliográfico y un cuadro síntesis del Sistema Educativo Español (LOE-2006).

La obra se apoya en datos empíricos originales obtenidos en la realización de un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y en el que colaboran José Gimeno Sacristán (autor de la obra), Juan Manuel Álvarez Méndez (Universidad Complutense de Madrid), Juan Bautista Martínez (Universidad de Granada), Jurjo Torres Santomé (Universidad de la Coruña) con la ayuda de María Clemente y Clara Arbiol en la obtención y organización del material empírico.

El autor se pregunta: ¿De qué tiempo hablamos cuando hablamos del tiempo? ¿Del tiempo físico? ¿Del tiempo biológico? ¿Del tiempo vivido? ¿Del tiempo de la organización escolar? ¿El que contempla un alumno mirando impaciente el reloj? ¿El tiempo de dedicación del profesorado? ¿El tiempo real de las tareas de aprendizaje? ¿El tiempo de la jornada partida o continua?. La obra no se centra en tiempos concretos sino que aborda los tiempos escolares y no escolares en plural y el cruce de los mismos. Se centra principalmente en cómo los alumnos viven el tiempo, especialmente el extraescolar. Indirectamente aborda otros tiempos (el tiempo de los calendarios, el tiempo de la organización educativa, el de la jornada escolar, el de los profesores y de una manera destacada, el familiar). Relativiza el tiempo del reloj y resalta el tiempo fenomenológico. Parte del principio de que el tiempo de la escolarización no es el de toda la educación ni necesariamente el tiempo de enseñar y de aprender.

El autor es consciente del riesgo que asume en la empresa de investigar el tiempo de la educación dada la pobre tradición de investigación, por tratarse de un concepto poliédrico y escurridizo, porque permite un tratamiento a múltiples niveles y por la dificultad de conjugar la dimensión física y vivencial del tiempo. Por eso se dota de una caja de herramientas interdisciplinar que le pemita abordar un constructo complejo y confuso como es el tiempo de la educación. Capta y justifica la necesidad de reflexionar sobre el tiempo escolar de una manera más global al hilo de los debates de los años noventa en España sobre la jornada continua  cuyas ideas y confrontaciones sistematizó excelentemente el sociólogo de la educación Mariano Fernández Enguita precedidas por otros estudios previos como los de J. A. Caride en Galicia.

En el capítulo primero, pasa revista a dos concepciones centrales del tiempo (el tiempo físico de los relojes y el tiempon Begsoniano o tiempo vivido) y a los factores determinantes del tiempo escolar.

En el capítulo segundo hace un repaso de las cuatro perspectivas sobre el tiempo (el tiempo físico-matemático, el tiempo bio-psicológico, el tiempo social y el tiempo fenomenológico). Concluye que lo importante en el tratamiento que se hace del tiempo en la educación no es su duración o su estructuración, sino lo que en él se hace, es decir, su calidad. Se cierra el capítulo con una aproximación a la estructura del tiempo educativo y escolar (tiempo de la educación durante toda la vida, tiempo de aprendizaje extraescolar no académico, tiempo de tareas académicas, tiempo de actividades complementarias y tiempo de aprendizaje extraescolar en tareas académicas).

En el capítulo tercero, el autor investiga la eficacia del tiempo de la educación concluyendo que el problema de la efectividad educativa de la institucional escolar  no reside en alargar o acortar los tiempos físicos sino en analizar y mejorar el contenido de lo que se hace en el tiempo disponible. Lo realmente importante es la cualidad del tiempo, de los procesos instructivos que tienen lugar en él.  Para ello, es imprescindible entrar en el contenido de dicho tiempo y tratar de rentabilizarlo mejor, administrándolo más eficazmente.

En el capítulo cuarto, el objeto de reflexión es el tiempo presente (el dedicado a las actividades a través de las cuales se convierte en práctica el currículo). Éste es el tiempo, según el autor, que más nos debe preocupar desde un punto de vista didáctico ya que es el tiempo de las tareas académicas. Este tiempo neto de aprendizaje no se puede hacer equivalente al tiempo de la enseñanza y menos al del aprendizaje. Este tiempo real de estar aprendiendo en extensión y cualidad está condicionado por la potencialidad de las tareas, la calidad potencial de sus contenidos culturales, por las circunstancias en las que se desarrolla y por las cualidades y circunstancias personales del sujeto. Es un tiempo de aprendizaje indiosincrático, cualidad que deberían tenerla en cuenta las reformas educativas. En lugar de fijarse en grandes indicadores, cifras, tantos por ciento, número de controles, etc que nos permiten acercarnos a la caja negra de la institución educativa pero en ningún caso conocer mucho acerca de lo que ocurre dentro de ella, Gimeno Sacristán defiende que, para acercarnos a lo que significa la educación, hay que focalizar la mirada en lo que ocupa el tiempo presente y esto solo se consigue con cercanía y acompañamiento a quién aprende, discernir las discrepancias entre lo que se dice (discursos) y lo que se hace (prácticas y actitudes), distinguiendo entre aprendizaje y educación, conectando con la experiencia diaria que el alumno vive en el aprendizaje, preguntarse por la experiencia académica y por la experiencia del alumnado en las relaciones interpersonales. Para entender lo que pasa en las aulas de poco vale el lugar y puntuación que ocupamos en el ranking internacional. Interesa más ver como se estimula el aprendizaje, si el estudiante comprende lo que se le pide, si tenemos en cuenta la voz del alumnado como una fuente valiosa para desentrañar el significado de las prácticas educativas. Cierra el capítulo haciendo unas valoraciones sobre la experiencia académica del alumno y las experiencias en las relaciones interpersonales profesor-tutor-alumno.

En el capítulo quinto, el autor reflexiona sobre el tiempo escolarizado fuera del tiempo escolar. Señala que este tramo de tiempo extraescolar colonizado por la institución escolar cobra tanta importancia como el tiempo de aprendizaje del aula y de ahí la importancia que tiene la valía de la cualidad de ese tiempo; es decir, el relleno de su contenido. En el contexto del capítulo, Sacristán pasa revisión al tiempo de los deberes y a los efectos de trabajar las exigencias académicas fuera para, después, ser evaluado dentro del aula. Este tiempo para-escolar tendrá una valencia positiva o negativa en función de las condiciones de cada sujeto, de que lo que ordene hacer la escuela fuera de su tiempo sea realmente valioso, de la medida en que ese tiempo añadido anule otras potenciales posibilidades creativas y de si dicho tiempo es una prescripción obligatoria para todos o bien una imposición para los lentos. El autor analiza también las consecuencias que se derivan diferir al tiempo del trabajo académico en casa el tiempo de aprendizaje del aula y el hecho de que el tiempo transferido sea un tiempo que es fuente de desigualdades. Finaliza el capítulo insistiendo en la necesidad de intervenir en el espacio-tiempo no escolar y avanza las razones para hacer explícitas dichas intervenciones, los objetivos, áreas de intervención, necesidades, líneas estratégicas, financión, recursos y actores-beneficiarios.

En el capítulo sexto el autor analiza la cultura extraescolar, teniendo en cuenta los cambios sociales y culturales que están teniendo lugar y tomando en consideración cómo lo viven los educandos y sus familias.

En el capítulo séptimo, el autor concluye la obra con el análisis y la comparación de la importancia y efectos de la distribución del tiempo en los modelos de organización de la jornada escolar en horario partido (de mañana y de tarde) y el continuo (sólo de mañana).

Necesitamos, pues, una escolarización sustanciada culturalmente que facilite la adquisición y el aprovechamiento de contenidos relevantes. Ésa es la forma de adquirir habilidades y motivación para “seguir aprendiendo” a lo largo de toda la vida. Algo que debe ser para todos. En caso contrario, muchos se quedarán en el papel de meros espectadores o serán definitivamente excluidos. Sustanciar la cultura escolar, como dice Gimeno Sacristán, no es añadir más contenidos, más materia en el currículo, más exigencias, ni siquiera necesariamente aumentar el tiempo escolar para todos (pero nunca disminuirlo). Será preciso flexibilizar los tiempos y, sobre todo, analizar los contenidos de lo que se propone en esos tiempos e introducir más calidad en los mismos.

En definitiva, un libro muy interesante escrito para aviso a navegantes, una mirada interdisciplinar a estos tiempos como forma de ejercitar el sentido común que ayuda a exorcizar falsos problemas y constituye una aproximación inteligente a otra concepción de la calidad de la educación.
 Si es cierto que estamos ante una oportunidad imparable de cambio, sería bueno, como dice Sacristán, contar con un horizonte renovado para la futura política educativa que, entre otras cuestiones, favoreciese simultanear el carácter incluyente del sistema obligatorio de educación con la calidad formativa. Para ello, un punto importante de la agenda educativa para los políticos pero también para las organizaciones educativas y sus agentes es la reflexión sobre el valor del tiempo en la educación.

Recensión del libro de José Gimeno Sacristán, El valor del tiempo en la educación, Ed. Morata, 2008, publicada en: Revista Pensar y Educar. Anuario del Instituto Superior de Filosofía "San Juan Bosco". Burgos. nº 1, diciembre, 2008.

José Pérez Gándara. Profesor de Historia de España (Ourense).


                                                                           

MEMORIA E HISTORIA

" (...) la memoria histórica es larga y plural; la historia es una sucesión de presentes que van generando representaciones y relatos distintos de su pasado; los intentos de secuestro de Clío han sido múltiples a lo largo del tiempo; la presunta memoria histórica es necesariamente cambiante, parcial y selectiva (...).
(...) La Historia de España nos la planteamos como la suma de relatos construidos a través de la pluralidad de memorias (...).

Ricardo García Cárcel