miércoles, 26 de marzo de 2014

EL DEBATE HISTÓRICO E HISTORIOGRÁFICO SOBRE LA II REPÚBLICA. SOBRE NEGACIONISMOS, REVISIONISMOS Y NEOREVISIONISMOS EN EL DISCURSO HISTÓRICO (y III)

Eduardo González Calleja. Historiador.
 Universidad Carlos III de Madrid
 El segundo autor, el historiador Eduardo Calleja en un artículo donde revisita la historiografía sobre la violencia política en la II República, dedica la última parte a los negacionismos y revisionismos sobre la misma. El revisionismo que otros historiadores imputan a políticas de olvido implementadas por el PSOE (Espinosa), el autor se lo adjudica a una operación político-mediática coincidente con el declive de la historiografía franquista y el rearme ideológico de la derecha en la etapa del Presidente José María Aznar.
Calleja diferencia el “neorevisionismo político-mediático” mencionado del que llama “neorevisionismo académico” procedente del ámbito universitario y perfectamente respetable y debatible.Salvando el matiz anterior, Calleja prefiere hablar de “negacionismo neofranquista” y de “revisionismo académico. El “negacionismo neofranquista” siguiendo al autor,  exonera de responsabilidad al golpe militar y rechaza la naturaleza dictatorial y represiva de la dictadura franquista. En lo que se refiere a la II república, los negacionistas la descalifican por entero indicando que el fracaso de la República trajo la Guerra Civil y la desagradable pero necesaria Dictadura Franquista.

Por otro lado, el “revisionismo académico” (viene a ser similar a la corriente comparativista comentada anteriormente de Malefakis) cuestiona alguno de los rasgos del relato historiográfico “progresista” comúnmente admitido lo que no implica una exculpación del franquismo. Dicha corriente interpretativa no cuestiona, dice el autor, la legitimidad de origen de la II República ni justifica la Guerra Civil pero denuncia el carácter intolerante/intransigente del poder político en algunos de sus períodos. El procedimiento utilizado consiste en presentar a aquéllos que vivieron bajo aquella república democrática como esencialmente análogos a los que lo hacen bajo la monarquía constitucional actual (Sánchez León), lo cual resulta un ejercicio claro de anacronismo histórico como si quisiéramos analizar el fenómeno de la Inquisición desde los parámetros del totalitarismo nazi del siglo XX.
Los revisionistas persiguen responsabilidades pero son remisos a profundizar en las multicausas explicativas del carácter multifacético de, por ejemplo, la violencia en la II República. Denuncian el enfrentamientos entre los totalitarismos de derecha e izquierda atribuyendo más la culpa a la izquierda, y concretamente, al socialismo.

Así mismo, muchos de estos autores revisionistas abandonan las perspectivas de estudio de la historia de tipo estructuralista e indican que ni las aproximaciones antropológicas ni el giro linguïstico son la mejor manera de abordar dicho período de entreguerras. Reivindican la vuelta a la historia política (líderes, partidos políticos, parlamentos, elecciones, diplomacia, instituciones) pero el problema, como indica Calleja, es que la violencia en la II República no ha sido sólo de naturaleza política/partidista sino también social (defensa de la propiedad, orden público) y simbólica o cultural (religión, nación, clase). 

Autor: José Pérez Gándara

Fuentes:

* Javier Tusell; “El revisionismo histórico español”, El País, 8 de Julio de 2004.

* Edward Malefakis; “La Segunda República y el revisionismo”. El País. 12 Julio, 2011

* Eduardo Calleja; “La II República. Nuevas miradas, nuevos enfoques. La historiografía sobre la violencia política en la Segunda República: una reconsideración” en Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea. Nº 11. 2013.
Enlace al artículo original: La historiografia sobre la violencia política en la Segunda República ...





MEMORIA E HISTORIA

" (...) la memoria histórica es larga y plural; la historia es una sucesión de presentes que van generando representaciones y relatos distintos de su pasado; los intentos de secuestro de Clío han sido múltiples a lo largo del tiempo; la presunta memoria histórica es necesariamente cambiante, parcial y selectiva (...).
(...) La Historia de España nos la planteamos como la suma de relatos construidos a través de la pluralidad de memorias (...).

Ricardo García Cárcel